DEJAR IR.

            A menudo, nos empeñamos en aferrarnos a algo en nuestras vidas que ya forma parte del pasado, pero que aún no nos hemos atrevido a soltar. Haciéndonos daño por ello.
            Dejar ir, forma parte del ciclo de la vida. El dinero va y viene, la salud va y viene, las personas van y vienen…Nada es permanente.

El baúl de los sueños

            Es difícil separarse de algo a lo que se ha amado de verdad o algo que ha sido importante en nuestra vida. Como puede ser perder un amigo, tener una ruptura sentimental, abandonar nuestra ciudad. Todo esto sucede cada día y es algo que es mejor aceptar.
            No es fácil. Dejar ir nos cuesta, porque creemos que vamos a perder el equilibrio, pensar en dejar ir nos hace sentirnos perdidos y pensamos que no vamos a encontrar nada mejor. Y lo cierto es que es todo lo contrario.
            Hay que cerrar la puerta al pasado, para poder avanzar. Hay personas que entran en nuestras vidas y se quedan para siempre, y hay otras que sólo vienen a enseñarnos algo y una vez aprendido el mensaje, si nos paramos a pensar, nos pesan, no sabemos donde colocar esa relación. Es hora de dejarlas ir.
            Seamos honestos, dejar ir es como dejar de fumar, o tener un hijo, que nunca encontramos el momento adecuado. Pero tenemos que tomar decisiones para ser felices.
            Cuando decidimos dejar ir, la forma menos dolorosa de hacerlo es aceptando, perdonando y agradeciendo.
            Aceptando que todo tiene un principio y un fin.
            Perdonando, porque la culpa nos paraliza impidiéndonos avanzar.
            Agradeciendo todo lo aprendido, el tiempo que duró y recordar con el corazón.
            A partir del momento en el que empezamos a dejar ir, y comenzamos a trazar un nuevo plan para nuestra vida, comienzan a aparecer nuevas personas, nuevas situaciones y nuevas cosas, que no solo son nuevas sino mejores, ya que después de lo aprendido, sabremos valorar todo lo que nos llegue con ojos más abiertos, con experiencia aprendida sobre la bendición y el dolor y sobre todo aprovechando cada situación al máximo, ya que ante todo, sabemos que nada es para siempre.
“En las orillas del dolor y el placer fluye el río de la vida. Sólo cuando la mente se niega a fluir con la vida y se estanca en las orillas se convierte en problema. Fluir quiere decir aceptación, dejar llegar lo que viene, dejar ir lo que se va.”
-Sri Nisargadatta Majarj-.
Bss.
Asun.
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