EL FALSO YO

            Solemos escuchar hablar del ego como algo malo, como la parte malvada de nuestro ser, el demonio que se sienta en tu hombro derecho y te susurra al oído. Y eso no es más que otra creencia procedente del ego, la dualidad, la diferencia entre el bien y el mal.
            Para poder entender esto, definiremos ego como el reflejo de la opinión de los demás sobre nosotros mismos.
EGO[1]
            Cuando somos pequeños, nos educan con creencias sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que es bueno y malo. Si nos dan cariño, nos quieren, nos reconocen valiosos, nuestro ego se crea y nos hace pensar que somos valiosos. Si por el contrario no tenemos afecto, sino al contrario, nos insultan, agreden o nos hacen creer que carecemos de valor, nace otro ego en nosotros que nos hace pensar que no podremos obtener lo que queremos porque no nos lo merecemos ni seremos capaces de conseguirlo.
            Ni uno ni otro somos nosotros, eso es lo que nos han hecho creer y con ello nos formamos un personaje, sin embargo, el ego está tapando nuestro verdadero yo, el Ser. Si quitamos todas esas capas de creencias grabadas a fuego sobre nuestra mente, veremos realmente quienes somos. De ahí la frase “conócete a ti mismo”.
            Comprender esto es muy importante, y llevarlo a la práctica lo es aun más. Ya que cuando nos alejamos del ego, comenzamos a ser felices, mientras que si actuamos a través de él, la felicidad se aleja de nosotros.
            A la sociedad no le interesa que nos conozcamos a nosotros mismos.
            El ego se puede manipular, pero nunca se puede manipular al ser, es imposible.
            A través del ego obtenemos una idea de quienes somos por los demás, y no por lo que somos en realidad. Es un gran falsario que no podemos matar, pero que si podemos ir debilitándolo poco a poco y orientándolo a ser más altruista, cooperante y menos egoísta. Crea distancia y desamor, crea barreras y censura nuestros sueños reales, fabricando miedos inexistentes.
            Al desechar el ego, nos acercamos más a quienes realmente somos. Al principio podemos sentir que perdemos el equilibrio sobre nosotros mismos, y es porque somos adictos a el y sentiremos miedo al dejar los viejos hábitos como nuestras creencias sobre quien es bueno y malo, prejuicios, qué debemos hacer con nuestra vida, que nos gusta de verdad, pero si nos alejamos de toda esta farsa, dejamos salir nuestro verdadero ser encontraremos nuestro verdadero centro que hemos llevado siempre con nosotros, que es nuestra verdadera alma.
“Recortas y moldeas tu pelo, pero casi siempre olvidas recortar y moldear al Ego”. Albert Einstein.

Bss.

Asun.

 

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