Ganadores fracasados

            Gracias a Dios (frase hecha), no todo vale dinero, es más, las cosas más importantes de la vida no tienen valor económico. ¿Te imaginas tener que pagar 10€ por un abrazo, 20€ por un beso o 2.000€ por un te quiero…? muchos nos moriríamos de pena.

            El ser humano puede vivir sin un coche, una lujosa casa o sin veranear por varios años seguidos a causa de falta de recursos económicos, pero nadie puede vivir sin el cariño de los demás.

fluir

            La amistad, uno de los valores para mí entre los más importantes con los que contamos es imprescindible para ser feliz. Un “aquí estoy”, un “no te preocupes te ayudaré”, un “te quiero” o un “gracias”, cosas que no tienen un precio a pagar, pero que tanto beneficio produce en quien lo da y en quien lo recibe da sentido a la vida.

            Por supuesto, la familia, el trabajo y la salud son importantes para ser felices. Pero para serlo hay que experimentar paz interior, y la paz sin amor no es posible.

            Donde hay miedo, rencor, envidia, insultos y sobre todo juicios, no puede haber amor.

            Existen muchos ganadores fracasados, gente que tienen éxito, una vida llena de buena economía, estatus social y reconocimiento profesional, pero que en el fondo, están impregnados de una gran tristeza y un gran vacío imposibles de llenar con dinero, gente que de puertas para adentro no son felices con su familia, sus hijos no quieren saber nada de ellos o son incapaces de disfrutar con las cosas sencillas (cosas que no valen dinero).

            El dinero en exceso vale para decidir si quieres pasar una enfermedad aquí o en una playa en el caribe, pero habrá cosas que nunca se podrán comprar.

         No te engañes, si no eres feliz ahora, no serás feliz nunca.

            La felicidad es una cuestión de actitud, de aceptar la adversidad de la vida. Cada momento es único, quien sabe disfrutar del presente, sin perderse en pensamientos del pasado ni en ilusiones del futuro, podrá sentir la plenitud de la existencia. La clave está en el aquí y en el ahora, en el tiempo rutinario que se puede convertir en mágico con tan solo proponérnoslo. Fluir es detonante, sin calcular ni pronosticar. El camino es lo importante, los sueños están para perseguirlos, y para alcanzarlos, pero sobre todo para disfrutar del trayecto, al fin y al cabo cuando se consiguen, lo más importante resulta ser lo aprendido antes de llegar a realizarlo.

            Como decía Miguel Ángel Calle, hermano de Ramiro A. Calle: “El mayor de los secretos estriba en elevar a la categoría de sublime lo que aparentemente es rutinario”.

 

Bss.

Asun.

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